¡De Cristo es todo!!
- M. I
- 12 ago
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Pídeme, y te daré por herencia las naciones, Y como posesión tuya los confines de la tierra. Salmos 2.8
En muchas ocasiones he escuchado como alguien utiliza este versículo (u otros) para reclamar o adueñarse de promesas particulares o decirle a otra persona que Dios tiene planes impresionantes con su vida y que tendrá un ministerio que afectará a muchas naciones, cuando sabemos que estás palabras no van dirigidas a ningún mortal sino a Cristo.
A menudo la gente “reclama” una promesa cuando la vida es dura o tienen miedo. Incluso podrían reclamar una promesa para otra persona. Sin embargo, cuando la gente hace esto, están tomando la Palabra de Dios y tratando de “apropiarse” de ella como si fuera un talismán. Están tratando una expresión inspirada por Dios como una solución rápida o algo de consuelo que llevan con ellos. Algunos predicadores incluso expresan estas ideas desde el púlpito.
Esto, sin embargo, pierde de vista la naturaleza de la promesa. Una promesa no es una cosa; es una expresión de algo más grande. Cuando Dios pronunció promesas en la Escritura no nos estaba dando un buffet de salidas. Él nos estaba mostrando su carácter. Una promesa nos dice un poquito acerca de quién es Dios y lo que hará. Está anclada y basada en su omnipotencia y omnisciencia. Y se cumplirá en una forma que solo Dios conoce y ordena.
Cuando reclamamos una promesa estamos tratando de tomar el control de la misma. Venimos a la misma con una noción preconcebida de cómo se debe de cumplir. Pero cuando nos damos cuenta que una promesa no es una cosa para que nosotros tengamos y usemos, solo entonces nos percatamos de que es más grande y mejor de lo que imaginamos.
El Padre por medio de la obra en la cruz del Calvario entrego a Cristo las naciones y personas de toda tribu, lengua, pueblo y nación. El importante, el grande y el verdadero protagonista de todo siempre es Cristo. No dejemos que ningún hombre trate de poner su nombre en el lugar que le corresponde solo a Jesús.
Dios Padre lo entrego todo a Dios Hijo y nosotros lo único que tenemos que hacer como se nos dice en la segunda parte es poner toda nuestra confianza, fe y esperanza en la persona y obra de Jesucristo.
Disfruta en este día de la identidad de tu Señor y Salvador y conoce que él es el soberano de toda nación.
¡Dios os bendiga!!


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