top of page

¡Si oyes hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazones!

  • Foto del escritor: M. I
    M. I
  • 18 nov
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 19 nov

ree

antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Hebreos 3.13


La palabra ”endurecer” «corazón duro» se usa con frecuencia en la Palabra para describir a personas que poseen poca o ninguna sensibilidad en los asuntos de Dios. Y permanecer en esta condición nos imposibilita ser tratados por el Señor y, además, no favorece la intimidad en nuestra relación con nuestros semejantes pues produce en nosotros una disposición áspera y hostil.

El texto de hoy, revela que el endurecimiento del corazón es el resultado de un proceso consciente de nuestra parte. “Que ninguno endurezca”

Es una ironía, pero el endurecimiento comienza precisamente con la misma manifestación que podría conducir hacia una mayor sensibilidad espiritual: la revelación de la voluntad de Dios.


En este caso todos nosotros recibimos, de parte de Dios, la oportunidad de alinear nuestras vidas con su Verdad. Ninguno puede argumentar que es víctima de circunstancias que no controla, pues aun cuando estábamos muertos en nuestros pecados, el Señor ya había iniciado el camino hacia la reconciliación.


Conforme al corazón misionero que él posee, siempre toma la iniciativa de acercarse a su pueblo para invitarlo a una mayor intimidad en la relación con él. De modo que cada uno de nosotros escuchamos, con frecuencia, su voz que nos habla. Sin embargo, como declara el escritor de Hebreos, su voz puede producir en nosotros una respuesta errada, fruto del engaño del pecado.

Nos creemos con autoridad para cuestionar, argumentar y contradecir la Palabra que él trae a nuestras vidas. Nos parece que podemos elaborar un camino alternativo al que señala el Señor y evaluamos la validez de ambas opciones. Seducidos por la astucia de nuestra propia filosofía escogemos, en algún momento, actuar conforme a nuestros propios criterios. Y en ese preciso instante se produce ese endurecimiento de corazón que nos aleja de la persona de Dios. Sin obedecer a lo que Él ha hablado y nos ha invitado a caminar por sus caminos. Escuchamos y entendimos su propuesta; no obstante, escogimos hacer nuestra propia voluntad.

Pero, si prestamos atención a este proceso podremos resistirnos a esta reacción. La persona sabia siempre va a combatir tenazmente este proceso, «derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo» (2 Co 10.5).

Entiende que la clave de una vida de intimidad con Dios está en una voluntad completamente rendida a él. No podemos darnos el lujo de evaluar si nos gusta o no lo que él nos pide. Debemos optar por la obediencia, la cual, a su vez, producirá en nosotros corazones cada vez más blandos.

¿Qué produce en nosotros cuando escuchamos la Palabra de Dios? ¿Sensibiliza nuestro corazón? ¿O sentimos rechazo?

Bueno, lo primero lo produce Dios, y lo segundo lo hace el pecado.


Dios los bendiga

 
 
 

1 comentario

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
Paola Andrea Chacon
Paola Andrea Chacon
19 nov
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Es práctico y edificante. Gracias

Me gusta

DIRECCIÓN: 

Calle Constitución 4, Local 1-D
19200 Azuqueca de Henares,

GUADALAJARA

TELÉFONO:

+34 640849789

CORREO ELECTRÓNICO:

ibaazuquecadehenares@gmail.com

578376_261732130589701_1950648695_n.jpeg
  • Whatsapp
  • Instagram
  • Facebook
  • YouTube
bottom of page