¡Cuestión de sentido!
- M. I
- 1 dic 2025
- 2 Min. de lectura

Andad en todo el camino que Jehová vuestro Dios os ha mandado, para que viváis y os vaya bien, y tengáis largos días en la tierra que habéis de poseer. Deuteronomio 5.33
La Biblia usa con mucha frecuencia la palabra «camino» para describir la vida del hombre. Estas referencias incluyen alusiones al buen camino, al camino trazado por Jehová, al camino torcido, al camino malo que lleva a la perdición y a la persona que se aparta del camino. En el Nuevo Testamento, incluso, se nos presenta a Cristo como el camino (Jn 14.6), dándonos a entender que la vía para llegar al Padre es por medio del Hijo.
Para los propósitos de esta reflexión la analogía del camino nos será útil para meditar acerca del peregrinaje espiritual que estamos realizando. En lugar de pensar en varios caminos, nos será útil pensar en un solo camino. La clave, no consiste en definir en qué camino estamos, sino en qué sentido nos estamos moviendo. En el camino solamente existen dos sentidos. No es posible moverse en ninguna otra dirección, porque uno solamente puede moverse en un sentido.
Delante nuestro existe un destino: Jesucristo. La Palabra describe ese destino como llegar a ser como él es (Ro 8.29), hasta que todos alcancemos «la medida de la estatura de la plenitud de Cristo» (Ef 4.13). En la dirección opuesta tenemos otro destino: la perdición; es decir, perder todo rasgo de semejanza con Dios, quedando solamente la abominable criatura que resulta de la abundancia del pecado.
¿Cómo se mueven los individuos que se encuentran sin Cristo? Por medio de actos individuales que resultan de las decisiones que toman. Y nosotros como cristianos recordemos que cada acto produce un movimiento en nuestras vidas que tiene solamente dos posibles desenlaces: nos lleva a estar más cerca de Cristo, o nos lleva a estar más lejos de él. Porque nuestra existencia es la suma de comportamientos basados en las decisiones que hemos tomado, y cada uno de ellos tiene un resultado espiritual.
Hermanos, estamos en permanente movimiento en el camino de la vida, aunque muchas veces no somos conscientes de esto, de ahí que gran parte de nuestras decisiones son inconscientes, nuestros comportamientos automáticos, lamentablemente cada uno de ellas tiene un desenlace.
Entender esto es importante. Nuestro movimiento en el camino de la vida no se decide por la cantidad de reuniones a las cuales asistimos, el movimiento lo decide la suma de decisiones que tomamos cada día, a cada paso de la vida, seamos o no conscientes de esas determinaciones. Es por esto que urge sensibilizar nuestro espíritu a la acción del Espíritu de Dios, para que a cada paso él pueda indicarnos las decisiones correctas.
¡Dios os bendiga!




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