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¡El equilibrio justo!

  • Foto del escritor: M. I
    M. I
  • 17 nov 2025
  • 2 Min. de lectura

Dos cosas te he demandado, no me las niegues antes que muera: Vanidad y mentira aparta de mí, y no me des pobreza ni riquezas, mantenme el pan necesario, no sea que me sacie, y te niegue, y diga: «¿Quién es Jehová?», o que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios. Proverbios 30.7–9

No creo haber escuchado alguna vez a alguien en la iglesia orar de esta manera. No obstante, la petición del autor de este proverbio revela un penetrante conocimiento de la naturaleza humana que vale la pena considerar.

En la oración reconoce el peligro de los extremos, no solamente en lo que a dinero se refiere, sino a cualquier aspecto de la vida. Para los que andamos en Cristo una serie de realidades espirituales solamente producen bendición en nuestra vida cuando las vivimos en su equilibrio justo. Ejemplo: El esfuerzo, el trabajo, el descanso.,La fuerza del joven debe compensarse con la sabiduría del anciano.


De seguro que la mayoría de nosotros somos concientes de la existencia de este delicado equilibrio en la vida. Lo que resulta llamativo en el proverbio que nos ocupa es que ha captado también el peligro que existe en el ámbito económico. Somos concientes de que la extrema pobreza produce en las personas una desesperación que podría bien llevarlos a cometer el pecado que menciona el texto: salir a robar para darle de comer a la familia. De hecho, esto se ha convertido en uno de los flagelos de la sociedad en Latinoamérica. En las grandes ciudades es cada vez más común la violencia en las calles, donde la población vive en un estado de constante inseguridad. El autor pide a Dios que lo libre de la desesperación que puede llevarlo a este tipo de vida.

Quizás para nosotros sea más difícil reconocer el peligro que trae la abundancia. Vivimos en una época en la cual la búsqueda del bienestar económico, como uno de los objetivos principales en la vida, se ha instalado en nuestra cultura.

La iglesia, siempre influenciable por el ámbito en que se encuentra, ha elaborado su propia teología de la prosperidad y muchos, sin titubear, la han abrazado de todo corazón. El proverbio identifica, el verdadero peligro que existe en la abundancia: ¡los que mucho tienen, fácilmente se olvidan de Dios! No tenemos más que mirar la dureza espiritual de los países más prósperos de la tierra para darnos cuenta de cuán acertada es esta observación.

¿Cuál debe ser nuestra postura, entonces? Una vida en la que todo se dé en su justa medida.

¡Dios os bendiga!




 
 
 

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