¡Frente al espejo!
- M. I
- 10 nov 2025
- 2 Min. de lectura

Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, este es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Santiago 1.22-24
Santiago identifica, en este texto, lo que es nuestro eterno problema frente a la Palabra. Somos oidores olvidadizos. Lastimosamente, nuestra tendencia es siempre hacia el olvido. Sin embargo, la totalidad del consejo de Dios, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, nos exhorta a que seamos gente que practica Su Palabra. El que es solamente oidor, dice Santiago, es una persona que se engaña a sí mismo.
¿Ha meditado en cuál es la función de un espejo?
No es solamente para que usted se mire para ver si esta arreglado. Cumple una función mucho más importante que esto, le permite ver las partes de su cuerpo que usted no puede ver con sus ojos naturales. Es decir, le da acceso a lo que está escondido a su vista. Con la imagen que usted tiene en el espejo puede darse cuenta qué cambios necesita realizar para estar presentable.
La Palabra cumple esta función en nuestra vida. Nos permite ver las cosas espirituales que no podemos ver por nosotros mismos, cosas que deben ser vistas en «el Espíritu». Estas son las cosas sobre las cuales usted y yo debemos actuar.
Usted no pierde tiempo en el espejo si va hacer algo al respecto, ¿verdad? De la misma manera, Dios nos dice, que nosotros no perdemos tiempo cuando leemos la palabra de Dios, cuando decidimos hacer algo al respecto.
La Palabra cumple una función en nuestras vidas. Ahora, está en nosotros aprovecharla.
Recuerde; «Dios no le pedirá cuenta sobre cuanto leíste, » sino sobre ¿Qué hicimos después de leer? Tomás Kempis.




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