¡La dicha de los pobres en espíritu!!
Bienaventurado los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Mateo 5.3
La primera bienaventuranza identifica el punto donde comienza toda obra espiritual en la vida del hombre: un reconocimiento de la pobreza de nuestra propia condición como resultado de la lectura de la palabra de Dios. Ahí, desaparecen todas las cosas que nos han llevado a creer que somos algo.
El mejor ejemplo de esto lo tenemos en la historia del hijo pródigo. Los días de gloria en los cuales la vida era una sucesión de fiestas, facilitada por una abultada billetera habían quedado atrás. Sentado entre cerdos, con la ropa rasgada y sucia, sintiendo el implacable acoso del hambre, el muchacho «volvió en sí». Es decir, llegó un momento en el cual vio su verdadera condición y entendió que estaba absolutamente perdido y solo en el mundo. La pobreza de su condición lo llevó a emprender el camino de regreso hacia la casa de su padre.
Pobreza de espíritu, debemos aclarar, no se refiere exclusivamente a la experiencia que eventualmente nos conduce a la conversión. También es una condición a la cual periódicamente nos llevará continuamente de regreso a los pies del Señor.
Cristo proclamó que la bendición que acompañaba esta condición era poseer el reino de los cielos. En esto, no podemos dejar de notar el marcado contraste con los conceptos del mundo, donde los reinos se conquistan con denuncias, poder y fuerza, donde las ambiciones de aquellos que desean llegar a posiciones en el mundo político, empresarial o cultural parecen confirmar la observación de que en este mundo no hay espacio para los débiles ni los humildes.
En el ámbito espiritual, el reino es entregado a aquellos que reconocen que no poseen aptitud alguna para obtenerlo. Solo es por Dios que cambia nuestro corazón y nos hace ser dependientes decesa gracias.
"Pobre en espíritu” no es agachar la cabeza o dejar que pasen por encima de ti. Es depender, buscar, seguir, aceptar, y evidenciar las cualidades de aquellos súbditos que reflejarán en carácter del REY de Reyes aquí y ahora, según las Escrituras.
¡Dios os bendiga!!


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