¡La necesidad de ir a nuestro médico!!
“Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió. Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos. Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.” Mateo 9:9-12
Mateo era un judío que los romanos habían nombrado como el cobrador de impuestos de la zona. Cobraba los impuestos («tributos públicos») de los ciudadanos y de los mercaderes que pasaban por el pueblo. Los cobradores de impuestos debían deducir una comisión de lo que cobraban como salario, pero la mayoría cobraba demás y se quedaba con la diferencia. Los judíos odiaban a los cobradores de impuestos debido a su fama de estafar a sus compatriotas y por apoyar a Roma.
Sin embargo, y con todo este antecedente, Jesús llamó a Mateo para que fuera uno de sus discípulos, y Mateo se levantó y lo siguió, abandonando su lucrativo empleo.
De la misma manera ocurre cuando Dios lo llama a usted para que lo siga y lo obedezca. ¿A respondido como lo hizo Mateo? Recuerde que algunas veces, aceptar seguir a Cristo requiere que tomemos decisiones radicales y dolorosas. Y como Mateo, debemos abandonar las cosas que podrían impedirnos seguir a Cristo.
Al visitar a Mateo, a Jesús no le importó que la élite religiosa pensara mal de él, porque iba a buscar a un perdido. Aunque la reputación de Mateo aún no estaba a la par de su nueva vida como discípulo, él sirvió como puente para que el mensaje de Jesús llegara a sus antiguos colegas.
Hermanos no debemos tener miedo de compartir el mensaje de Dios con aquellos que viven en pecado. ¡El Señor puede cambiar a las personas a quienes estamos testificando y luego a sus amigos también!
Los fariseos trataban continuamente de atrapar a Jesús y pensaban que su relación con esta «gentuza» era la oportunidad ideal. Se preocupaban más por parecer piadosos y ser respetados que por ayudar a la gente y proveer para sus necesidades.
Criticaban en vez de brindar apoyo. Dios, por el contrario, se preocupa por todas las personas, incluso las corrompidas.
¡La vida cristiana no es un llamado <de clases> o <in concurso de popularidad!>Siguiendo el ejemplo de Jesús, debemos presentar las buenas nuevas a los pobres, a los inmorales, a los indigentes, a los marginados, hasta que allá tiempo. Y no solo a los ricos, los de reputación, los populares y los poderosos.
¡Recuerda, Cristo vino a buscar a todos, porque toda la humanidad está enferma!!
¡Dios os bendiga IBA!!


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