¡Aprendamos a diferenciar entre lo santo y lo puro!
- M. I
- hace 4 días
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Tú, y tus hijos contigo, no beberéis vino ni sidra cuando entréis en el tabernáculo de reunión, para que no muráis; estatuto perpetuo será para vuestras generaciones, para poder discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio, Levítico 10.9-10
(El agua en el A.T era un simbolismo de limpieza- y en la escritura el agua hace alusión a la palabra de Dios y al Espíritu Santo.
La palabra de Dios no es confusa, el problema radica cuando mezclamos conceptos que Dios mantuvo separados. No es lo mismo santo que puro. Parecen sinónimos, pero la Biblia no lo describe así. Por ejemplo en el santuario habían cosas santas que debían ser purificadas si eran contaminadas, como el altar, los utensilios, etc.
¿Por qué lo puro puede volverse impuro, y lo común santo?
Porque lo puro puede contaminarse, y lo común (lo que éramos antes) somos separados por Dios en el momento de nuestra salvación. Santo es un término que se usa para asignar a alguien o algo que ha sido apartado para Dios. Cada persona que deposita su fe en Cristo pasa hacer un santo de Dios, alguien que ha sido apartado para Dios.
Sin embargo, lo puro tiene que ver con purificación, crecer en Santidad (Tito 2.14)
En la Biblia, "puro" (del hebreo tahor y griego katharos) significa estar libre de contaminación física, moral o espiritual, reflejando santidad, sinceridad e integridad sin mezcla de maldad.
La pureza es algo que nos toca vivir. El Señor Jesús le dijo a Pedro, el que está lavado no necesita sino lavarse los pies, pues está todo su cuerpo limpio. (Juan 13.10)
¡Asi que, puedes ser santo, y no ser puro!! Debemos hacer diferencia entre lo Santo y lo puro, y entre lo santo y lo profano. Lo profano mancha lo limpio. (2 Corintios 7.1) Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.
¿En que afecta mi impureza espiritual? R. En mi comunión con Dios. (Salmos 15 Y 24)
Por tanto, no es lo mismo pertenecer al pueblo de Dios, que estar apto para estar en su presencia.
Sin embargo, debemos recordar algo en esta dispensación. A diferencia de los sacerdotes del A.T, que necesitaban hacer una serie de ceremonias previas para poder entrar al lugar Santísimo. Nosotros podemos entrar al lugar Santísimo, (presencia de Dios) gracias a la obra de Cristo. Hoy podemos acercarnos al trono de la gracia, al limpiarnos a través de la confesión y arrepentimiento cuando apelamos a la obra Salvífica de Cristo. (1 Juan 1.9)
Pero al mismo tiempo, Dios nos invita que nos acerquemos a Su presencia, de manera pura, y genuina. (Santiago 4.8) Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.
¡Aprendamos a distinguir entre Santo y lo puro!
Sus sacerdotes violaron mi ley, y contaminaron mis santuarios; entre lo santo y lo profano no hicieron diferencia, ni distinguieron entre inmundo y limpio; y de mis días de reposo[a] apartaron sus ojos, y yo he sido profanado en medio de ellos. Ezequiel 22.26
Y enseñarán a mi pueblo a hacer diferencia entre lo santo y lo profano, y les enseñarán a discernir entre lo limpio y lo no limpio. Ezequiel 44.23
¡Dios os bendiga IBA! Buen inicio de semana.




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