¡Bienaventurados los mansos!!
“Bienaventurados los mansos, porque recibirían la tierra por heredad” Mateo 5.5
La mansedumbre es la actitud que confirma que la pobreza espiritual es verdaderamente producto de un accionar de Dios, y no de nosotros mismos. Cuando estamos vestidos de mansedumbre podemos aceptar con una actitud de quietud y sosiego interior aquellas cosas que nos resultan dolorosas, humillantes o difíciles. Por ejemplo; Cuando otros se acercan a nosotros para señalar nuestros defectos y errores, y no reaccionamos con airada indignación, buscando justificar lo injustificable.
Una persona mansa, confia en que Dios defiende a los suyos y no requiere de nuestra ayuda para hacerlo. Tal fue la actitud de Moisés cuando se levantaron contra él María y Aarón (Nm 12) o los hijos de Coré (Nm 16). La Palabra lo describe como el hombre más manso de la tierra (Nm 12.3)
Y que decir de nuestro Señor Jesucristo que en el momento más duro de su trayectoria terrenal demostró mansedumbre absoluta; «cuando lo maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba» (1 P 2.23).
Una vez más, vemos que la recompensa marca un fuerte contraste con los conceptos típicos del mundo. "Del no te dejes, defiéndete, y pelea, al deja de luchar, argumentar, pelear y discutir”
Pero recuerda; la mansedumbre en la Biblia es la fuerza y el poder bajo control, y no una señal de debilidad o cobardía.
Henry Wadsworth Longfellow nos da una maravillosa ilustración de la mansedumbre en "El herrero de su pueblo era un hombre poderoso, rudo, fuerte, de carácter, con manos grandes y musculoso. Los músculos de sus fornidos brazos eran fuertes como barras de hierro".
Sin embargo, en la iglesia, al oír a su hija cantar un himno, el herrero se emocionaba: "Y con su mano fuerte y áspera se enjugaba las lágrima de los ojos". Esto es mansedumbre. Fuerza contenida. (Ilustración tomada de Got cuestions org)
¡Dios os bendiga IBA!!


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