¡Los de corazón limpio!!
"Bienaventurado los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.” Mateo 5.8
Una vez más, las enseñanzas de Cristo nos alejan de lo que es la práctica de una vida religiosa, cuyo acento siempre recae sobre los ritos y comportamientos externos del ser humano. Todos sabemos que por medio de la práctica de una vida disciplinada podemos impresionar a quienes nos rodean y dar la imagen de ser personas sumamente piadosas, pero a Dios no lo podemos conmover. Él no mira la parte externa y visible del ser humano sino que pesa los corazones. El mira aquello que es importante y que está escondido a los ojos de todo ser humano debido a su limitación.
La limpieza de corazón se refiere a las motivaciones y los pensamientos que controlan gran parte de los comportamientos del ser humano. Es allí donde se cultiva la verdadera santidad.
En esta ocasión Cristo iba a llevar a las multitudes a un plano que ningún otro maestro había logrado. Donde existía preocupación con el acto sexual del adulterio, Jesús señaló que todo comienza con una mirada llena de malos deseos (Mt 5.29). Donde lo condenable parecía ser un acto de homicidio, Jesús señaló que era igualmente grave pleitisr con una persona en lo secreto de nuestros corazones (Mt 5.22).
La lección que dejaba era clara: la única vida que realmente agrada al Padre es aquella que tiene una pureza tanto externa como interna. A esto se refiere la santidad, que es el resultado de una actitud de sinceridad y pureza.
Hemos de notar también que la pureza no puede estar divorciada del plano de las relaciones con los demás. Es allí donde se manifiestan las motivaciones egoístas, y las dobles intenciones. Por esta razón, el lugar donde más necesitamos el proceso purificador de Dios en nuestras vidas es, precisamente, en el trato que tenemos a diario con aquellos que nos acompañan en esta vida. (Lea Salmos 15 y 24)
¡Dios os bendiga IBA!!


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