¿Cómo hubiésemos actuado en lugar de José?
- M. I
- 20 ene
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“Ahora, pues no tengáis miedo; yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón” Génesis 50:21
Tras la muerte y sepultura de Jacob-Israel, los hermanos de José se llenaron de temor al pensar que después del fallecimiento de su padre, José se vengaría por todo el daño que le hicieron cuando era un muchacho. Imagino que cada uno de estos hombres temblaban porque sabían que José estaba puesto en un lugar de autoridad y que por medio de una orden suya podían sufrir y pagar por las consecuencias de sus maldades.
Pero una vez más vemos la manera de actuar de un hombre o mujer de fe que se deja guiar, pastorear, aconsejar y transformar por Dios. Porque solo Dios puede dar gracia abundante para restaurar cualquier corazón dolido, herido, golpeado, hasta el grado de pasar por alto cualquier ofensa. (Recuerda que ya vimos que lo hizo con Esau)
José durante todos los años de sufrimiento conoció al Señor de una manera real, íntima y genuina. Y Dios sanó completamente el alma de José, y donde antes tal vez había ira, enojo, rencor y amargura, Dios puso amor, paz, misericordia, gracia y bondad. (Frutos del Espíritu)
¿Qué haríamos cada uno de nosotros si tuviésemos delante a los que más daño nos han producido a lo largo de nuestra vida?
Lo que tendríamos que hacer es lo mismo que hizo José: PERDONAR. Se que es muy fácil escribir y leer esta palabra de 8 letras y que en muchas ocasiones es realmente difícil ponerla en práctica. Pero se puede. Y solo podremos PERDONAR y actuar como lo hizo José si somos conquistados por la GRACIA, el AMOR y la MISERICORDIA de Dios.
Es a los pies de la cruz donde contemplamos toda nuestra miseria, en la cruz entendemos realmente nuestra verdadera condición pecaminosa, allí el Señor nos muestra que cada uno de nosotros merecíamos el golpe y la ira del Eterno, pero por el contrario y gracias a la obra intercesora y mediadora de Jesucristo recibimos el beso y el abrazo de Dios. Como dice la Biblia estamos llamados a “dar de Gracia lo que hemos recibido por Gracia”. Todo lo que Dios derrama en la cruz para ti es lo que nosotros debemos entregar hacia nuestros enemigos.
Nunca olvides que la GRACIA es un regalo y un favor “inmerecido”. Y solo viviendo en la GRACIA de Dios podrás disfrutar del gozo y de la libertad que necesitan nuestras almas.
¡Dios los bendiga!




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