¡Podía despedazar un león, pero no podía dominar sus propios ojos.!
- M. I
- 15 dic 2025
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Y el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón, quien despedazó al león como quien despedaza un cabrito, sin tener nada en su mano; y no declaró ni a su padre ni a su madre lo que había hecho. Jueces 14.1
A veces idealizamos a los héroes bíblicos como superhombres, pero la Escritura es claramente honesta con la realidad humana.
El registro histórico en Jueces 14:6 nos dice que, cuando el Espíritu vino sobre él, Sansón "despedazó al león como quien despedaza un cabrito".
Pero el registro que nos deja también la escritura es que hubo una gran paradoja en su vida:
Rompió las cuerdas de sus enemigos con facilidad (Jueces 15:14), pero nunca pudo romper las cadenas de sus propios deseos.
Sansón tenía una fuerza pública impresionante, pero una debilidad privada devastadora.
Sus ojos lo llevaron a Timnat (Jueces 14:1). Descendió Sansón a Timnat, y vio en Timnat a una mujer de las hijas de los filisteos.
Sus ojos lo guiaron a Gaza (Jueces 16:1). Fue Sansón a Gaza, y vio allí a una mujer ramera, y se llegó a ella.
Sansón podía conquistar ciudades, pero vivía cautivo de lo que miraba. Es una advertencia histórica para nosotros: La fuerza externa no compensa la falta de disciplina interna.
Al final, en una ironía soberana, tuvo que perder la vista física para poder ver a Dios con claridad.
Por tanto, No se trata de cuánto puedes cargar. Se trata de qué es lo que te gobierna.
Si lo interno luce bien, lo externo se vera mejor. Ten cuidado como ves, y lo que ves.
¡Dios os bendiga!




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