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¡Viviendo para otros!!

  • Foto del escritor: M. I
    M. I
  • 18 nov 2025
  • 2 Min. de lectura

«Como también yo en todas las cosas agrado a todos; no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos.» 1. Corintios, 10:33.


Probablemente, el mundo no ha visto un ganador de almas más entusiasta que el apóstol Pablo. Si va a una ciudad extraña, es para predicar. Si trabaja en hacer tiendas, no tarda en ganar a sus compañeros de trabajo para Cristo. Si es echado en prisión, logra convertir y bautizar al carcelero antes de amanecer el día. Si está ante un juez, los intentaba persuadir para que sea cristiano. Prisionero en una casa de alquiler, habla a todos los que a él vienen, ganando para Cristo al esclavo fugitivo Onésimo, y haciéndole de nuevo útil a Filemón. Siempre, y en todo lugar, está pronto a predicar a las almas.

A esta pasión dominante sometía él todas las cosas en su vida. Buscaba agradar a todos, en todas las cosas, no buscando su propio provecho. ¿Para qué? Para que por su renuncia al yo, lograra ganar sus almas.

A este gran objetivo sujetaba todos los actos de su vida.

¡Oh, que Dios pusiera esta sagrada pasión en los corazones de los creyentes de hoy! ¡Que hubiera cristianos tan ardientes en su deseo de ganar almas como los moravos, que se expatriaban voluntariamente para evangelizar a los leprosos en tierras extrañas!

Se cuenta de una joven indígena, en el Hospital presbiteriano de Cantón, que, después de haber oído hablar de Cristo y haber rendido su vida a El, preguntó:

«¿Cuánto tiempo viviré si quedara en el Hospital?

Cuatro meses —fue la respuesta del facultativo.

¿Y si fuera a mi hogar y a mi pueblo?

En este caso, sin los cuidados del Hospital, su vida duraría sólo un par de meses.

Pues tengo que ir a casa en seguida.

Pero usted acortará su vida, al hacer esto , fue la advertencia del doctor.

¿Y esto qué importa? replicó la mujer. ¿No cree usted que puedo dar la mitad de la vida que me queda a Jesús, quien dio toda su vida por mí? Tengo que ir a decir a otros que pueden ser salvos por medio de su muerte.»

Y así partió para su hogar.

Que Dios nos dé más de esta santa pasión en el día de hoy y cada día.


¡Dios os bendiga!



 
 
 

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